¿Estoy soñando?
El piano suena afinado. Los graves vibran tal como los recuerdo, mismo los agudos. El banco no se ha movido, ni la silla del chelista. El chelo mismo no parece haber cambiado, su música tampoco.
Debo estar soñando.
El piano es muy hermoso: negro, liso, de cola. El chelo es más viejo, está mas derruído, pero tiene carácter. Ámbos tienen su historia.
La tapa del piano está abierta. El pie del chelo cae ante el atril.
Las partituras están en su lugar. No en el banco, las del piano; ni en el estuche, las del chelo. Se encuentran a la vista del intérprete, listas para ser interpretadas.
Simplemente no lo creo.
La música de los instrumentos llena el cuarto. Es la misma música que ayer practicábamos. Son las mismas notas, con los mismos errores y el mismo tempo.
Sin embargo, ella está en la cama y yo estoy observando.
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sábado, 27 de agosto de 2011
jueves, 14 de julio de 2011
Otro laberinto mas
Sebastián se encontraba en su cama intentando dormir. Era de madrugada. La mente de Sebastián estaba poblada de pensamientos. No le importaba. De hecho así lo prefería. Pasar la noche pensando en ella, en el laberinto y en un sin fin de fantasías. Pensó en cada palabra que había intercambiado con ella. Recordó su rostro hermoso y su voz suave. Poco a poco se cerraron sus ojos.
Soñó con un mundo como ninguno. Era un mundo imposible, donde la gravedad empujaba además de jalar, e incluso arrojaba hacia los costados. Esa misma fuerza se retorcía y creaba diagonales que le permitían a Sebastián volar. El mundo mismo era un laberinto de dimensiones donde cada movimiento llevaba a Sebastián a un momento aleatorio del lugar. Una gama de colores cambiantes iluminaba el laberinto.
Ante Sebastián desfilaron arañas en parejas, sonrientes y listas para sus vacaciones. Luego Sebastián vio a su Camila a la distancia. Sonrió al verla y su corazón dio un vuelco. Pero al tratar de acercarse fue enviado en otra dirección. Ante si apareció un desfile de perros, y al último de ellos reconoció.
-Chejov, guíame con Camila - le dijo al perro. Chejov emitió un ladrido y rápidamente guió a Sebastián ante aquella a quien deseaba tanto. Lo hizo mover un pie primero, luego la cabeza, alzar los brazos y mover la cintura. Sebastián se sentía ridículo, pero lo hizo todo tal y como le dijo Chejov y finalmente, tras un movimiento muy raro de su tobillo, acabo ante su Camila, con los brazos rodeandola y con sus labios en contacto con los suyos.
Así despertó Sebastián, con su Camila bajo las sabanas, entre sus brazos, con Chejov sirviendoles de almohada.
Soñó con un mundo como ninguno. Era un mundo imposible, donde la gravedad empujaba además de jalar, e incluso arrojaba hacia los costados. Esa misma fuerza se retorcía y creaba diagonales que le permitían a Sebastián volar. El mundo mismo era un laberinto de dimensiones donde cada movimiento llevaba a Sebastián a un momento aleatorio del lugar. Una gama de colores cambiantes iluminaba el laberinto.
Ante Sebastián desfilaron arañas en parejas, sonrientes y listas para sus vacaciones. Luego Sebastián vio a su Camila a la distancia. Sonrió al verla y su corazón dio un vuelco. Pero al tratar de acercarse fue enviado en otra dirección. Ante si apareció un desfile de perros, y al último de ellos reconoció.
-Chejov, guíame con Camila - le dijo al perro. Chejov emitió un ladrido y rápidamente guió a Sebastián ante aquella a quien deseaba tanto. Lo hizo mover un pie primero, luego la cabeza, alzar los brazos y mover la cintura. Sebastián se sentía ridículo, pero lo hizo todo tal y como le dijo Chejov y finalmente, tras un movimiento muy raro de su tobillo, acabo ante su Camila, con los brazos rodeandola y con sus labios en contacto con los suyos.
Así despertó Sebastián, con su Camila bajo las sabanas, entre sus brazos, con Chejov sirviendoles de almohada.
lunes, 30 de mayo de 2011
Una bufanda negra
Una a una las luces del departamento se fueron apagando. Pronto todas las habitaciones que lo integraban estaban completamente oscuras. El hombre que habitaba el departamento miró por la ventana. Afuera había mucha niebla. Los edificios que veía se fueron apagando también. Alzó la vista. Una a una las estrellas perdieron su luz, así como la luna. El hombre salió a la calle. Era imposible ver entre tanta oscuridad, y con tanta niebla.
El hombre despertó y vio, junto a su cabeza, descansando sobre la almohada, una bufanda negra. Supo entonces de que se trataba.
El hombre despertó y vio, junto a su cabeza, descansando sobre la almohada, una bufanda negra. Supo entonces de que se trataba.
domingo, 15 de mayo de 2011
¿Sueño o delirio?
Viernes. Fiesta. Un par de tragos de whisky. Una situación con una mujer. Insomnio. Y después de eso, ¿sueño o delirio?
¿Acaso importa? Vi por mi mente pasar imágenes vívidas. Deseos, pesadillas. Vi una motocicleta robada atropellar a alguien. Traté de detenerla, pero la mujer estaba eufórica. Huimos, junto con un par de extraños conocidos. Llegamos al departamento y repentinamente eramos veinte. Había dos estuatillas del Dalái Lama en extremos opestos de la habitación. Había espadas. Había armaduras. Telas. Lámparas. Tapetes. Mucha gente, muchos objetos, en un depa tan pequeño que tuvo que crecer. Vi el futuro. Me puse de pie.
De regreso en la realidad, acudí a mi cita con el psiquiatra.
¿Acaso importa? Vi por mi mente pasar imágenes vívidas. Deseos, pesadillas. Vi una motocicleta robada atropellar a alguien. Traté de detenerla, pero la mujer estaba eufórica. Huimos, junto con un par de extraños conocidos. Llegamos al departamento y repentinamente eramos veinte. Había dos estuatillas del Dalái Lama en extremos opestos de la habitación. Había espadas. Había armaduras. Telas. Lámparas. Tapetes. Mucha gente, muchos objetos, en un depa tan pequeño que tuvo que crecer. Vi el futuro. Me puse de pie.
De regreso en la realidad, acudí a mi cita con el psiquiatra.
viernes, 18 de febrero de 2011
Un día de sueño
Bajo concecuencias de pocas horas de sueño, con una peregrinación tranquila, una conversación lenta, cansada, un café friteante, tras un par de decepciones y una larga caminata a casa, después de úna espera y de una cocción, enseguida de una ingesta rápida, de unos vasos de agua, me tumbé en el sofá e intente dormir.
jueves, 27 de enero de 2011
El despertador
Es temprano, lo sé porque los ojos arden y no quieren abrir, lo sé por aquel sonido agudo que viene de la cómoda. El despertador suena y los ojos se reúsan a abrir, la mente está nublada y el cuerpo se rehúsa a cooperar, a levantarse. El despertador suena y suena, pero no surte efecto, es más bien una molestia, y pronto una mano extraviada lo encuentra y lo apaga. Las luces nunca se encendieron, los ojos nunca abrieron. La mente se vuelve a apagar lentamente, luz a luz, pensamiento a pensamiento, hasta que el resultado es un plácido dormir.
lunes, 17 de enero de 2011
Soñar de un piano quemándose
Se escucha, en el fondo, una canción, el instrumento principal es un piano; en mis piernas se encuentra un cuaderno abierto y en mi mano una pluma. La canción es fluctuante, tranquila por momentos, por otros, no tanto. Mi mente entra en sincronía con esta canción, me inspiro, mi mano se acerca al papel, empieza a escribir. La letra de la canción es desconocida para mí, y no le pongo atención, de hecho, bien podría ser una instrumental; a las palabras que escribo tampoco les presto atención.
La canción termina y el silencio reina, y es en ese momento que dejo de escribir. Leo lo que anoté en mi cuaderno, no me gusta, lo arranco, lo hago bola, lo quemo. Un grito se oye a la distancia, dejo el papel incinerandose mientras voy a investigar y veo un piano que está quemándose.
Me detengo y pido perdón, pero no lloro. Luego le doy la espalda y pienso: hoy me arrepiento, mañana, lo habré olvidado.
Y despierto, no recuerdo el sueño.
La canción termina y el silencio reina, y es en ese momento que dejo de escribir. Leo lo que anoté en mi cuaderno, no me gusta, lo arranco, lo hago bola, lo quemo. Un grito se oye a la distancia, dejo el papel incinerandose mientras voy a investigar y veo un piano que está quemándose.
Me detengo y pido perdón, pero no lloro. Luego le doy la espalda y pienso: hoy me arrepiento, mañana, lo habré olvidado.
Y despierto, no recuerdo el sueño.
viernes, 14 de enero de 2011
Dentro de un sueño desperté
Hace mucho tiempo, dentro de un sueño desperté, o soñé que estaba despierto. Caminé por el sueño perfectamente consciente de que era tan sólo eso, un sueño, y que, como tal, en el podían suceder cosas que normalmente no suceden. Caminaba por ahi y me topé con ella, y tuvimos una conversación, de repente, la conversación tomó un camino oscuro y hostil, y yo, director de la orquesta, sin saberlo hasta ese momento, desee regresar en el diálogo y esto sucedió. Me di cuenta de que yo era quien movía los hilos en lo que solo se podía describir como el más real desfile de títeres, que me había vuelto amo y señor de mi subconsciente. ¡Qué buen sueño fue a partir de entonces! Todo sucedía como yo lo deseaba, y era tan real...
Cuando desperté, me tomo unos segundos darme cuenta de que tan solo había sido un sueño. De hecho estaba por recoger el teléfono y llamarla, hasta que me acordé de la realidad.
Cuando desperté, me tomo unos segundos darme cuenta de que tan solo había sido un sueño. De hecho estaba por recoger el teléfono y llamarla, hasta que me acordé de la realidad.
jueves, 2 de diciembre de 2010
¿Qué me pasa?
Mis parpados pesan, pero nadie me hipnotizó, al menos eso creo; tampoco dupliqué mi dosis ni me desvelé. Sin embargo llevo así unos tres días, cansado, desganado, a punto de perder. Es mi turno, es mi movida, me toca decidir y actuar, pero no puedo, hoy me desperte tarde, al igual que ayer, y antier, algo muy extraño. Me cuesta trabajar, me cuesta escribir, la inspiración llega hasta las horas en las que ya me dió sueño, aún cuan tempranas, y mis intentos de regularizar mi mente me obligan a tomar la decision de ir a dormir con tán sólo un párrafo o dos escritos. Durante el día, el piano es mi única salvación; acaricio las teclas y los sonidos que produce son hermosos; pero he abusado del piano, mis dedos están cansados, y no puedo tocar, y si no toco, el cansancio me invade, y me da mucho sueño, un sueño terrible que no me permite hacer nada, pero que a la vez no es suficiente para hacerme dormir. Paso todo el día acostado, y en la noche duermo y me despierto tarde, y el cansancio no se ha ido.
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