Hace falta un buen debraye, ¿no creen? Un maquinazo: lleno de errores, con contradicciones, faltas a la ortografía y a la moral; con descripciones de miradas bellas, con un cereal al lado y una ventana abierta a mi espalda. Si, no estoy en mi sofá, ¿y?
Hace falta un buen debraye: escasean personajes, escasean ideas y escasea el té.
Hace falta olvidar. Hace falta renacer. Alzarse en llamas, mentando madres, empujando extraños, gritando. Hace falta transgredir.
Hace falta noche, no para dormir, tampoco para intercambios al oido ni caricias de algún tipo. Hace falta noche para leer, para escribir, para debrayar.
Hace falta chocolate. Hace falta inspiración. hace falta energía.
Haces falta tú...
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jueves, 6 de octubre de 2011
jueves, 20 de enero de 2011
Expresión
Repito la cuestión, ¿por qué escribo? No es un pasatiempo, ni un trabajo, es una necesidad. Expresarme es una necesidad. Mi objetivo, que cada palabra que escriba signifique algo, aunque sea basura que luego arranque de mi cuaderno y tire. Mi objetivo, que cada movimiento que haga, exprese algo, comunique algo, aunque no sean todos capaces de leerlo.
lunes, 17 de enero de 2011
Soñar de un piano quemándose
Se escucha, en el fondo, una canción, el instrumento principal es un piano; en mis piernas se encuentra un cuaderno abierto y en mi mano una pluma. La canción es fluctuante, tranquila por momentos, por otros, no tanto. Mi mente entra en sincronía con esta canción, me inspiro, mi mano se acerca al papel, empieza a escribir. La letra de la canción es desconocida para mí, y no le pongo atención, de hecho, bien podría ser una instrumental; a las palabras que escribo tampoco les presto atención.
La canción termina y el silencio reina, y es en ese momento que dejo de escribir. Leo lo que anoté en mi cuaderno, no me gusta, lo arranco, lo hago bola, lo quemo. Un grito se oye a la distancia, dejo el papel incinerandose mientras voy a investigar y veo un piano que está quemándose.
Me detengo y pido perdón, pero no lloro. Luego le doy la espalda y pienso: hoy me arrepiento, mañana, lo habré olvidado.
Y despierto, no recuerdo el sueño.
La canción termina y el silencio reina, y es en ese momento que dejo de escribir. Leo lo que anoté en mi cuaderno, no me gusta, lo arranco, lo hago bola, lo quemo. Un grito se oye a la distancia, dejo el papel incinerandose mientras voy a investigar y veo un piano que está quemándose.
Me detengo y pido perdón, pero no lloro. Luego le doy la espalda y pienso: hoy me arrepiento, mañana, lo habré olvidado.
Y despierto, no recuerdo el sueño.
jueves, 9 de diciembre de 2010
Sencillamente yo
Aqui me encuentro, aqui estoy,
Sentado, un prisionero soy
De mi pensar y mi escribir,
Es cómo decidí vivir.
Mi mente vuela más allá,
Mi cuerpo avanza al pensar,
Y por el mundo marcha al sentir,
Es cómo decidí vivir.
Sencillamente yo, un ser
Que ha llegado a romper
De la ignorancia su latir,
Es cómo decidí vivir.
Filósofo errante; dios no,
Ni rey; sencillamente yo.
Sentado, un prisionero soy
De mi pensar y mi escribir,
Es cómo decidí vivir.
Mi mente vuela más allá,
Mi cuerpo avanza al pensar,
Y por el mundo marcha al sentir,
Es cómo decidí vivir.
Sencillamente yo, un ser
Que ha llegado a romper
De la ignorancia su latir,
Es cómo decidí vivir.
Filósofo errante; dios no,
Ni rey; sencillamente yo.
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