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miércoles, 26 de enero de 2011
La Sociedad de los Filósofos Errantes
La Sociedad de los Filósofos Errantes es, para muchos, para la mayoría, desconocida. Sus miembros son pocos y éstos se mezclan con la gente común y no son reconocidos como extranjeros. No es una sociedad secreta, pues si lo fuera, la curiosidad de aquellos que saben de ella pero son ajenos a su total acabaría por revelar todos sus misterios. La Sociedad de los Filósofos Errantes es, más bien, una canción indocumentada.
lunes, 17 de enero de 2011
Soñar de un piano quemándose
Se escucha, en el fondo, una canción, el instrumento principal es un piano; en mis piernas se encuentra un cuaderno abierto y en mi mano una pluma. La canción es fluctuante, tranquila por momentos, por otros, no tanto. Mi mente entra en sincronía con esta canción, me inspiro, mi mano se acerca al papel, empieza a escribir. La letra de la canción es desconocida para mí, y no le pongo atención, de hecho, bien podría ser una instrumental; a las palabras que escribo tampoco les presto atención.
La canción termina y el silencio reina, y es en ese momento que dejo de escribir. Leo lo que anoté en mi cuaderno, no me gusta, lo arranco, lo hago bola, lo quemo. Un grito se oye a la distancia, dejo el papel incinerandose mientras voy a investigar y veo un piano que está quemándose.
Me detengo y pido perdón, pero no lloro. Luego le doy la espalda y pienso: hoy me arrepiento, mañana, lo habré olvidado.
Y despierto, no recuerdo el sueño.
La canción termina y el silencio reina, y es en ese momento que dejo de escribir. Leo lo que anoté en mi cuaderno, no me gusta, lo arranco, lo hago bola, lo quemo. Un grito se oye a la distancia, dejo el papel incinerandose mientras voy a investigar y veo un piano que está quemándose.
Me detengo y pido perdón, pero no lloro. Luego le doy la espalda y pienso: hoy me arrepiento, mañana, lo habré olvidado.
Y despierto, no recuerdo el sueño.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Una ardilla cantar
Hoy escuche a una ardilla cantar, y empecé a atacarme de la risa.
Es cierto, iba yo caminando por mi unidad, entre árboles y sobre piso enlozado, a mi derecha apareció una ardilla sujetada a un árbol. Era negra, esta ardilla, completamente negra; su pequeño boca se abrio y ví como se inflaba y desinflaba su pecho mientras emitía sonidos extraños, su mirada puesta en la copa del árbol.
No pude detener la risa, la ardilla me miró con furia, "¿y tú qué sabes de canto?" decían sus ojos, pero la ignoré, continué con mi paseo por la unidad, con una sonrisa en mi cara y una que otra risa proveninente del recuerdo de la ardilla negra que había escuchado cantar.
Es cierto, iba yo caminando por mi unidad, entre árboles y sobre piso enlozado, a mi derecha apareció una ardilla sujetada a un árbol. Era negra, esta ardilla, completamente negra; su pequeño boca se abrio y ví como se inflaba y desinflaba su pecho mientras emitía sonidos extraños, su mirada puesta en la copa del árbol.
No pude detener la risa, la ardilla me miró con furia, "¿y tú qué sabes de canto?" decían sus ojos, pero la ignoré, continué con mi paseo por la unidad, con una sonrisa en mi cara y una que otra risa proveninente del recuerdo de la ardilla negra que había escuchado cantar.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Música
La música sonaba en el fondo de su alma, música alegre y, para él, hermosa; pero en el cuarto en el que se encontraba no sonaba ninguna música, el cuarto estaba en silencio.
El cuarto era sencillo, un cajón rectangular, pequeño, con una puerta y nada más. De las paredes, la pintura colgaba, vieja, como si estuvieran las paredes tapizadas de flores marchitas.
El esperaba erguido en el centro del cuarto. Sus ojos cafés estaban desenfocados mientras él pensaba en la música de su interior; su pelo era largo y castaño y caía sobre sus hombros como una cascada.
Su pie comenzó a moverse al ritmo de la música, despegándose del piso y luego cayendo con fuerza. Sus palmas se juntaron y produjeron un aplauso. Él repitió con ritmo dichas percuciones, una y otra vez.
Al poco rato se unió su voz, produciendo ruidos extraños que imitaban aquella música en su interior; voz y percuciones se unieron para formar una canción. El cuarto ya no estaba en silencio.
El cuarto era sencillo, un cajón rectangular, pequeño, con una puerta y nada más. De las paredes, la pintura colgaba, vieja, como si estuvieran las paredes tapizadas de flores marchitas.
El esperaba erguido en el centro del cuarto. Sus ojos cafés estaban desenfocados mientras él pensaba en la música de su interior; su pelo era largo y castaño y caía sobre sus hombros como una cascada.
Su pie comenzó a moverse al ritmo de la música, despegándose del piso y luego cayendo con fuerza. Sus palmas se juntaron y produjeron un aplauso. Él repitió con ritmo dichas percuciones, una y otra vez.
Al poco rato se unió su voz, produciendo ruidos extraños que imitaban aquella música en su interior; voz y percuciones se unieron para formar una canción. El cuarto ya no estaba en silencio.
viernes, 26 de noviembre de 2010
La música del azar
La música del azar, como se llama un libro, pero si es musica, a mis oidos, a los tuyos. Es un volado, es decision aleatroria, y es hermosa. Una orquesta completa la interpreta, no de cámara sino una completa, de muchas piezas, incontables, de cientos de instrumentos, y el instrumento principal son las mil voces, ¿mil? no, un billón, muchas, muchas, que toman y se preguntan, qué les depara el futuro, determinado parcialmente por lo que ha ocurrido en el pasado, pero regido finalmente por el azar.
Ah, futuro incierto, futuro impredecible, la gente se pregunta sobre tí, y sus pensamientos forman parte de aquella canción, de aquella música. ¡Silencio! Si callas y atiendes la escucharás, es hermosa, es brillante, con un fondo de viento cambiante, y esas voces, esos pensamientos, en ellos está el mundo.
Es la música del azar.
Ah, futuro incierto, futuro impredecible, la gente se pregunta sobre tí, y sus pensamientos forman parte de aquella canción, de aquella música. ¡Silencio! Si callas y atiendes la escucharás, es hermosa, es brillante, con un fondo de viento cambiante, y esas voces, esos pensamientos, en ellos está el mundo.
Es la música del azar.
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