Una multitud me sigue a donde voy, es mi propia orquesta. Por fin reuní el dinero suficiente para contratarla a tiempo completo. La música ahora ambienta mi vida: Rachmaninoff, el concierto para piano número 2; Tchaikovsky, el concierto para violín; son sólo algunas de las joyas que llenan mi día, dándole fuerza, emoción. La gente en la calle me escucha venir. Ahí viene el de la orquesta, dicen. Ahí viene el loco. Se alejan. Por suerte yo nunca estoy solo, tengo a los músicoa.
Sólo puedo caminar. No cabemos en un coche, obviamente, y el metro rara vez está lo suficientemente vacío. Hay quien me pregunta por qué no busco una alternativa más cómoda, como un reproductor de música. Incluso han llegado a regalarme alguno. Nunca los he usado, no sé cómo ni me interesa aprender. Además, dudo que puedan generar la emoción que genera la música en vivo.
Sólo tengo un problema: me corrieron de mi trabajo. Creo que fue muy poético que me dieran por razón que en la compañía no había ya espacio para mí; apenas cabíamos los músicos y yo en mi cubículo. Pronto no tendré dinero para seguirles pagando y me quedaré solo. No creo que me acepten de vuelta en mi trabajo.
Pero vamos, ¿quién más puede decir que vivió un par de meses con una orquesta a sus espaldas ambientando su día? Siempre seré el único, eso lo vale.
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miércoles, 29 de febrero de 2012
sábado, 27 de agosto de 2011
El Piano y el Chelo
¿Estoy soñando?
El piano suena afinado. Los graves vibran tal como los recuerdo, mismo los agudos. El banco no se ha movido, ni la silla del chelista. El chelo mismo no parece haber cambiado, su música tampoco.
Debo estar soñando.
El piano es muy hermoso: negro, liso, de cola. El chelo es más viejo, está mas derruído, pero tiene carácter. Ámbos tienen su historia.
La tapa del piano está abierta. El pie del chelo cae ante el atril.
Las partituras están en su lugar. No en el banco, las del piano; ni en el estuche, las del chelo. Se encuentran a la vista del intérprete, listas para ser interpretadas.
Simplemente no lo creo.
La música de los instrumentos llena el cuarto. Es la misma música que ayer practicábamos. Son las mismas notas, con los mismos errores y el mismo tempo.
Sin embargo, ella está en la cama y yo estoy observando.
El piano suena afinado. Los graves vibran tal como los recuerdo, mismo los agudos. El banco no se ha movido, ni la silla del chelista. El chelo mismo no parece haber cambiado, su música tampoco.
Debo estar soñando.
El piano es muy hermoso: negro, liso, de cola. El chelo es más viejo, está mas derruído, pero tiene carácter. Ámbos tienen su historia.
La tapa del piano está abierta. El pie del chelo cae ante el atril.
Las partituras están en su lugar. No en el banco, las del piano; ni en el estuche, las del chelo. Se encuentran a la vista del intérprete, listas para ser interpretadas.
Simplemente no lo creo.
La música de los instrumentos llena el cuarto. Es la misma música que ayer practicábamos. Son las mismas notas, con los mismos errores y el mismo tempo.
Sin embargo, ella está en la cama y yo estoy observando.
lunes, 14 de marzo de 2011
Música
Mis dedos acarician el piano. Las teclas se hunden bajo el peso que aplico, a veces suave, a veces repentino. Mis manos danzan sobre el teclado de madera. Estas manos, que juegan y brincan de lado a lado. La música fluye desde mis dedos. Es música tranquila, melancólica, y muy bella. El tocarla hace que se forme un nudo en mi garganta. Siento toda la tristeza de la pieza en mi interior. Soy uno con la pieza. La comprendo, y entiendo que no hay nota falsa. Todas encajan a la perfección.
Mis ojos arden. Mi vista se vuelve nublada. Tanto sentimiento hace que mis lágrimas luchen por salir. Pero soy una presa. La música que toco expresa todo lo que siento, mas yo no expreso nada. Mi espalda se encuentra erguida, mi cuerpo bien sentado en el banco de madera, mis ojos se encuentran fijos en la partitura, y de reojo veo el teclado blanco, y mis manos pálidas que danzan sobre él.
Mi quijada se endurece. Pestañeo rápidamente y una lágrima recorre mi mejilla derecha. El nudo en mi garganta se aprieta. Mis manos son ágiles, se mueven con elegancia por el piano, acariciándolo, amándolo. Mis manos son el canal de mis sentimientos, y la música.
Mis ojos arden. Mi vista se vuelve nublada. Tanto sentimiento hace que mis lágrimas luchen por salir. Pero soy una presa. La música que toco expresa todo lo que siento, mas yo no expreso nada. Mi espalda se encuentra erguida, mi cuerpo bien sentado en el banco de madera, mis ojos se encuentran fijos en la partitura, y de reojo veo el teclado blanco, y mis manos pálidas que danzan sobre él.
Mi quijada se endurece. Pestañeo rápidamente y una lágrima recorre mi mejilla derecha. El nudo en mi garganta se aprieta. Mis manos son ágiles, se mueven con elegancia por el piano, acariciándolo, amándolo. Mis manos son el canal de mis sentimientos, y la música.
miércoles, 9 de febrero de 2011
Sobre el mar de ideas
La música fluye como un río, y es ese río el que nos arrastra hacia el mar de las ideas.
domingo, 6 de febrero de 2011
Música sombría
La música se escuchaba desde aquel cuarto lejano. Era música melancólica, sombría, casi tanto como el corredor que llevaba a la habitación. Era un corredor cubierto por sombras, con cuadros impresionistas decorando las paredes, con muebles antiguos y pisos de madera. Las paredes de piedra gris se alzaban hacia las alturas, terminando en un techo de bóveda muy alto. El corredor era muy largo y delgado, la música lo recorría, las notas danzaban tristemente por el aire, proyectándose desde aquella puerta abierta a medias y deteniéndose, de golpe, ante el cadaver que decoraba el extremo opuesto del corredor.
lunes, 17 de enero de 2011
Soñar de un piano quemándose
Se escucha, en el fondo, una canción, el instrumento principal es un piano; en mis piernas se encuentra un cuaderno abierto y en mi mano una pluma. La canción es fluctuante, tranquila por momentos, por otros, no tanto. Mi mente entra en sincronía con esta canción, me inspiro, mi mano se acerca al papel, empieza a escribir. La letra de la canción es desconocida para mí, y no le pongo atención, de hecho, bien podría ser una instrumental; a las palabras que escribo tampoco les presto atención.
La canción termina y el silencio reina, y es en ese momento que dejo de escribir. Leo lo que anoté en mi cuaderno, no me gusta, lo arranco, lo hago bola, lo quemo. Un grito se oye a la distancia, dejo el papel incinerandose mientras voy a investigar y veo un piano que está quemándose.
Me detengo y pido perdón, pero no lloro. Luego le doy la espalda y pienso: hoy me arrepiento, mañana, lo habré olvidado.
Y despierto, no recuerdo el sueño.
La canción termina y el silencio reina, y es en ese momento que dejo de escribir. Leo lo que anoté en mi cuaderno, no me gusta, lo arranco, lo hago bola, lo quemo. Un grito se oye a la distancia, dejo el papel incinerandose mientras voy a investigar y veo un piano que está quemándose.
Me detengo y pido perdón, pero no lloro. Luego le doy la espalda y pienso: hoy me arrepiento, mañana, lo habré olvidado.
Y despierto, no recuerdo el sueño.
sábado, 11 de diciembre de 2010
Un vals
La música me llena el día de hoy, una canción tras otra es escuchada, mis ojos analizan las partituras de piano de varias tonadas, y oigo una melodía hasta en el caminar de las personas. Pero hay una obra que hoy se levanta sobre las otras, una obra que resuena en mi cabeza y que resuena en el piano bajo el acariciar de mis dedos.
Empieza con un re, o es un mi? No, un si bemol, porque estás en ese tono, en re menor; le sigue un do, el de la siguiente octava, y luego un la y el si y el la y el si otra vez; así empieza, todo al ritmo de un vals, un vals en re menor.
Toco la pieza y todo parece estar bien a mi alrededor, es melancólica pero desde un punto de vista también es alegre; es cambiante, y a mis dedos les cuesta trabajo acostumbrarse a los cambios, pero poco a poco lo lográn, hoy es el primer día que intento tocarla toda seguida y a su verdadera velocidad, es dificil para mis dedos, pero definitivamente hay un avance.
Es un vals, y puedo imaginar una sala enorme llena de gente elegante, como en aquellos tiempos en que las fiestas se bailaban al ritmo del vals. Puedo ver a la gente con máscaras decoradas, sonriendo bajo ellas, bailando con su pareja, la espalda derecha y el cuerpo sereno.
En mi interior, a veces me siento como una de esas personas.
Empieza con un re, o es un mi? No, un si bemol, porque estás en ese tono, en re menor; le sigue un do, el de la siguiente octava, y luego un la y el si y el la y el si otra vez; así empieza, todo al ritmo de un vals, un vals en re menor.
Toco la pieza y todo parece estar bien a mi alrededor, es melancólica pero desde un punto de vista también es alegre; es cambiante, y a mis dedos les cuesta trabajo acostumbrarse a los cambios, pero poco a poco lo lográn, hoy es el primer día que intento tocarla toda seguida y a su verdadera velocidad, es dificil para mis dedos, pero definitivamente hay un avance.
Es un vals, y puedo imaginar una sala enorme llena de gente elegante, como en aquellos tiempos en que las fiestas se bailaban al ritmo del vals. Puedo ver a la gente con máscaras decoradas, sonriendo bajo ellas, bailando con su pareja, la espalda derecha y el cuerpo sereno.
En mi interior, a veces me siento como una de esas personas.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Música
La música sonaba en el fondo de su alma, música alegre y, para él, hermosa; pero en el cuarto en el que se encontraba no sonaba ninguna música, el cuarto estaba en silencio.
El cuarto era sencillo, un cajón rectangular, pequeño, con una puerta y nada más. De las paredes, la pintura colgaba, vieja, como si estuvieran las paredes tapizadas de flores marchitas.
El esperaba erguido en el centro del cuarto. Sus ojos cafés estaban desenfocados mientras él pensaba en la música de su interior; su pelo era largo y castaño y caía sobre sus hombros como una cascada.
Su pie comenzó a moverse al ritmo de la música, despegándose del piso y luego cayendo con fuerza. Sus palmas se juntaron y produjeron un aplauso. Él repitió con ritmo dichas percuciones, una y otra vez.
Al poco rato se unió su voz, produciendo ruidos extraños que imitaban aquella música en su interior; voz y percuciones se unieron para formar una canción. El cuarto ya no estaba en silencio.
El cuarto era sencillo, un cajón rectangular, pequeño, con una puerta y nada más. De las paredes, la pintura colgaba, vieja, como si estuvieran las paredes tapizadas de flores marchitas.
El esperaba erguido en el centro del cuarto. Sus ojos cafés estaban desenfocados mientras él pensaba en la música de su interior; su pelo era largo y castaño y caía sobre sus hombros como una cascada.
Su pie comenzó a moverse al ritmo de la música, despegándose del piso y luego cayendo con fuerza. Sus palmas se juntaron y produjeron un aplauso. Él repitió con ritmo dichas percuciones, una y otra vez.
Al poco rato se unió su voz, produciendo ruidos extraños que imitaban aquella música en su interior; voz y percuciones se unieron para formar una canción. El cuarto ya no estaba en silencio.
jueves, 2 de diciembre de 2010
¿Qué me pasa?
Mis parpados pesan, pero nadie me hipnotizó, al menos eso creo; tampoco dupliqué mi dosis ni me desvelé. Sin embargo llevo así unos tres días, cansado, desganado, a punto de perder. Es mi turno, es mi movida, me toca decidir y actuar, pero no puedo, hoy me desperte tarde, al igual que ayer, y antier, algo muy extraño. Me cuesta trabajar, me cuesta escribir, la inspiración llega hasta las horas en las que ya me dió sueño, aún cuan tempranas, y mis intentos de regularizar mi mente me obligan a tomar la decision de ir a dormir con tán sólo un párrafo o dos escritos. Durante el día, el piano es mi única salvación; acaricio las teclas y los sonidos que produce son hermosos; pero he abusado del piano, mis dedos están cansados, y no puedo tocar, y si no toco, el cansancio me invade, y me da mucho sueño, un sueño terrible que no me permite hacer nada, pero que a la vez no es suficiente para hacerme dormir. Paso todo el día acostado, y en la noche duermo y me despierto tarde, y el cansancio no se ha ido.
viernes, 26 de noviembre de 2010
La música del azar
La música del azar, como se llama un libro, pero si es musica, a mis oidos, a los tuyos. Es un volado, es decision aleatroria, y es hermosa. Una orquesta completa la interpreta, no de cámara sino una completa, de muchas piezas, incontables, de cientos de instrumentos, y el instrumento principal son las mil voces, ¿mil? no, un billón, muchas, muchas, que toman y se preguntan, qué les depara el futuro, determinado parcialmente por lo que ha ocurrido en el pasado, pero regido finalmente por el azar.
Ah, futuro incierto, futuro impredecible, la gente se pregunta sobre tí, y sus pensamientos forman parte de aquella canción, de aquella música. ¡Silencio! Si callas y atiendes la escucharás, es hermosa, es brillante, con un fondo de viento cambiante, y esas voces, esos pensamientos, en ellos está el mundo.
Es la música del azar.
Ah, futuro incierto, futuro impredecible, la gente se pregunta sobre tí, y sus pensamientos forman parte de aquella canción, de aquella música. ¡Silencio! Si callas y atiendes la escucharás, es hermosa, es brillante, con un fondo de viento cambiante, y esas voces, esos pensamientos, en ellos está el mundo.
Es la música del azar.
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