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martes, 6 de marzo de 2012
Fuego
"Los miramos desafiantes, aun
burlándonos de ellos. Nos reímos de
lo que creyeron, de la facilidad con que
creyeron, reímos. Nos golpean aún más fuerte,
nos gritan maldiciones, reímos."
"Te odio.
Los cañones me observan, acusándome.
Traidor me dicen, no puedo evitar el sonreír.
¿Cómo pudiste? ¿Por qué?
La belleza del caos los elude, y me odian."
Fuego es un canto al caos, es un poema sobre un grupo de anarquistas y la reflexión de uno mientras son apuntados por "mil cañones". Pero en vez de leer sobre él, mejor leerlo, digo yo. Está en Scribd.
martes, 15 de febrero de 2011
Es de noche
Es de noche, el silencio es abrumador, la oscuridad, también. Es de noche, mi corazón palpita a un ritmo endemoniado mientras recuerdo aquellas palabras. Siento ira, siento odio, siento rabia. El cansancio no existe, tampoco el aburrimiento. Mi imaginación danza fuera de mi cabeza, veo claramente ese fuego aniquilador siendo expresado, fuego que ilumina mi alma pero no la habitación, que está cubierta por sombras, que está inundada por la nada, por la noche
domingo, 13 de febrero de 2011
El Bolero del Sexo
Pasiones que convergen
En un fuego intenso,
Interno, expresado
En movimientos y
Exhalaciones en el oído.
Un respirar agobiado,
Un canto en dicho respirar,
En la caricia de las sábanas,
En la rotación del mundo,
En gemidos y murmullos.
Cascada de sonidos,
De cabellos, de sudor:
Cascada de pasión,
Ojos cerrados, sonrisas
En bocas ardientes.
Labios en llamas
Profesando promesas,
Un sello ígneo,
Que une cuerpos
En climax.
Corazones inflamables,
Sus latidos se entrelazan
Y forman una danza,
Al ritmo del bolero
Del amor.
Octavio Pérez Sánchez
lunes, 24 de enero de 2011
Fuego, una agresión
Una televisión encendida, literalmente, arde en llamas. A su alrededor, ramas y libros hacen la fogata. Un reloj extraviado se encuentra en el montón, así como un teléfono, un control de nintendo, una fotografía, más libros, revistas. Es enorme, del tamaño de una casa, de hecho es una casa la que arde, desplomada, la gente arroja sus pertenencias al fuego, se desprende de todo, y todo arde por igual. Es un fuego que quema a la distancia, que incinera cejas de aquellos mirones, que irrita sus ojos, y la gente lo continúa alimentando, inclusive le hecha gasolina para que no deje de arder.
Sin que nadie lo espere, pero sin que sorprenda a nadie, alguien empuja a un muchacho al fuego; su muerte es lenta y dolorosa. Entonces alguien se clava a la enorme fogata, por su propia voluntad, gritando, es mi tiempo, es mi hora. Un par de personas lo siguen, y los tres son devorados por las llamas.
Empieza a soplar un fuerte viento, desde el este sopla, distribuyendo ceniza y exparciendo al fuego a las otras casas, a los jardines. A nadie le importa, nadie se mueve mientras las llamas los consumen a todos, el pequeño pueblo muere bajo el fuego.
Sin que nadie lo espere, pero sin que sorprenda a nadie, alguien empuja a un muchacho al fuego; su muerte es lenta y dolorosa. Entonces alguien se clava a la enorme fogata, por su propia voluntad, gritando, es mi tiempo, es mi hora. Un par de personas lo siguen, y los tres son devorados por las llamas.
Empieza a soplar un fuerte viento, desde el este sopla, distribuyendo ceniza y exparciendo al fuego a las otras casas, a los jardines. A nadie le importa, nadie se mueve mientras las llamas los consumen a todos, el pequeño pueblo muere bajo el fuego.
lunes, 17 de enero de 2011
Soñar de un piano quemándose
Se escucha, en el fondo, una canción, el instrumento principal es un piano; en mis piernas se encuentra un cuaderno abierto y en mi mano una pluma. La canción es fluctuante, tranquila por momentos, por otros, no tanto. Mi mente entra en sincronía con esta canción, me inspiro, mi mano se acerca al papel, empieza a escribir. La letra de la canción es desconocida para mí, y no le pongo atención, de hecho, bien podría ser una instrumental; a las palabras que escribo tampoco les presto atención.
La canción termina y el silencio reina, y es en ese momento que dejo de escribir. Leo lo que anoté en mi cuaderno, no me gusta, lo arranco, lo hago bola, lo quemo. Un grito se oye a la distancia, dejo el papel incinerandose mientras voy a investigar y veo un piano que está quemándose.
Me detengo y pido perdón, pero no lloro. Luego le doy la espalda y pienso: hoy me arrepiento, mañana, lo habré olvidado.
Y despierto, no recuerdo el sueño.
La canción termina y el silencio reina, y es en ese momento que dejo de escribir. Leo lo que anoté en mi cuaderno, no me gusta, lo arranco, lo hago bola, lo quemo. Un grito se oye a la distancia, dejo el papel incinerandose mientras voy a investigar y veo un piano que está quemándose.
Me detengo y pido perdón, pero no lloro. Luego le doy la espalda y pienso: hoy me arrepiento, mañana, lo habré olvidado.
Y despierto, no recuerdo el sueño.
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