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domingo, 14 de agosto de 2011

Mi ángel


He estado conviviendo con un ángel, ¿sabes? Es una aparición de alas cortas, de rostro hermoso y bondad eterna.
Sus labios son la llama de mi elocuencia. Cada beso enciende el fuego. Cada susurro lo mantiene ardiendo.
Su piel fría me hace invulnerable. Sus caricias me resguardan contra la muerte.
Y esos ojos me inundan de secretos. La mirada de dos almendras que evocan magia hacen que chispas vuelen, que el viento sople, que los cielos lluevan y colores brillen.
El día en que ella susurró algo a mi oído lo olvidé todo. Mis problemas, mis deseos, sólo estaba ella.
Si la abrazo (y lo hago a menudo) siento que mi cuerpo se convierte en algo muy ligero. Mis pies no tocan más el piso y el mundo se hace pequeño.
Si ella está cerca no le temo a nada; ni a la muerte, ni a la enfermedad, ni a la pobreza. Es mi ángel. Lo demás no importa.

sábado, 27 de noviembre de 2010

La trascendencia

Ayer me encontraba en una fiesta, y ahí que me puse a hablar con un amigo acerca de la escritura y de su importancia, y qué era lo que me motivaba a perseguir tan complicada carrera. Núnca había hablado con este amigo de esa manera, núnca había descubierto que tan buen debralle tiene, que tan buen argumento, me sentí como un dios cuando me halagó, me dijo que veía todo lo que yo le decía y se encontraba de acuerdo. Le dió la bienvenida a mi idea de la trascendencia, que al principio me aclaró que definiera, ya que estaba en la lista de motivaciones para perseguir a la escritura y hacer de ella mi amante eterna. Ah, esa idea de la trascendencia que tanto se ha discutido en Los Viajes a Filos, con el frito y a veces también con el doctor, aquella idea de mostrar algo de uno mismo, algo que de una manera u otra deje una huella y permita a los otros avanzar. Una idea para el ego, lo sé; es hermosa. La trascendencia, estirarse y tocar los corazones de una y muchas audiencias, un seguro contra la muerte y contra el olvido, se debe lograr poco a poco, de un corazón en uno al principio, y luego buscar más, simpere buscar más.
Y yo, ayer, conseguí un audiente más.

lunes, 15 de noviembre de 2010

La Inmortalidad

Preguntas qué es la inmortalidad, y cómo se obtiene. Preguntas cuál es el camino, y búscas en mapas de tesoros la respuesta a tu mortalidad. Preguntas a los cielos, a los vientos, esperando que del aire surja la respuesta, preguntas a extraños, a los libros, pero no te preguntas a tí mismo. ¡Qué ciego estás! Tú que no ves la respuesta justo delante de tus narices, preguntas y preguntas, y te jactas de tu curiosidad, pero ésta no te lleva a ningún lado, y ésto porque no búscas la respuesta en tí mismo.
Deja de buscar bufandas de la inmortalidad, deja de escarbar por una fuente de la vida eterna, deja de creer en fantasías, que las fantasías son para crearse, para expresar aquello escondido en los confines de la mente, pero nunca son para creerse. ¡Despierta! Los sueños están bien para aquel que está dormido, o para aquel que busca de su vida una distracción, incluso están bien para encontrar en ellos deseos ocultos, no para vivir en ellos.
Búsca en tí, vamos, hazlo. Búsca en tus objetivos, en aquel camino que todas las noches planeas seguir pero nunca sigues, en aquel plan que tienes para darte a conocer, para ser alguien aún después de que la vida se te haya arrebatado; es ahí donde, con algún esfuerzo y con alguna suerte, es ahí que encontrarás la inmortalidad.