Te dicen que esperes. Lo haces. El tiempo transcurre lentamente. En algún lugar de la habitación hay un reloj de manecillas, lo sabes por el sonido sutil del secundero. Ante ti hay una pila de revistas mas ninguna te llama la atención. Te encuentras nervioso, hasta temeroso, sin embargo esperas en silencio.
-Buenos días. Por favor, pase -te dicen mientras remueven las cadenas que te ataban por los pies. Te levantas y sigues al verdugo, quien te pregunta si ya decidiste como quieres morir.
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martes, 25 de octubre de 2011
lunes, 17 de octubre de 2011
Fénix
Soy ceniza, en esto me he visto
Reducido: he muerto. Soy ceniza
Después de haber sido fuego:
He muerto. Fui asesinado después
De haber sido abusado. Morí,
Mis alas se vencieron y caí.
Fui cazado, perseguido y despojado
De mi vuelo, ahora soy ceniza.
El fénix nace de la ceniza de
Su padre, él mismo en realidad.
Fuego era y fuego volverá a ser.
De las llamas que envuelven
La ceniza se levanta el fénix, mas
Antes la ceniza debe arder.
-La muerte nos transforma -dijo.
-¿La muerte ajena? -preguntaron.
-También -contestó, silenciando
La habitación entera.
La muerte nos transforma a todos,
Nos cambia.
-Nunca cambies -nos han dicho.
-No lo haré -hemos contestado sin
Saber que nadie escapa.
La muerte nos cambia a todos, nos
Transforma. Sobrevivir la muerte,
Ése es el problema.
Soy ceniza. Antes era fuego, pronto
Lo seré de nuevo. Volveré. He
Muerto pero volveré. Mas no seré
El mismo. Para bien o mal, nunca
Volveré a ser el mismo. Fuego
Fui. Ceniza soy. Fénix seré.
Reducido: he muerto. Soy ceniza
Después de haber sido fuego:
He muerto. Fui asesinado después
De haber sido abusado. Morí,
Mis alas se vencieron y caí.
Fui cazado, perseguido y despojado
De mi vuelo, ahora soy ceniza.
El fénix nace de la ceniza de
Su padre, él mismo en realidad.
Fuego era y fuego volverá a ser.
De las llamas que envuelven
La ceniza se levanta el fénix, mas
Antes la ceniza debe arder.
-La muerte nos transforma -dijo.
-¿La muerte ajena? -preguntaron.
-También -contestó, silenciando
La habitación entera.
La muerte nos transforma a todos,
Nos cambia.
-Nunca cambies -nos han dicho.
-No lo haré -hemos contestado sin
Saber que nadie escapa.
La muerte nos cambia a todos, nos
Transforma. Sobrevivir la muerte,
Ése es el problema.
Soy ceniza. Antes era fuego, pronto
Lo seré de nuevo. Volveré. He
Muerto pero volveré. Mas no seré
El mismo. Para bien o mal, nunca
Volveré a ser el mismo. Fuego
Fui. Ceniza soy. Fénix seré.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Cada instante
Cada instante es un instante menos,
Los segundos corren y ella está
Más cerca. Ella avanza, da
Un paso, y luego otro,
Poco a poco, la Muerte
Acecha.
Los segundos corren y ella está
Más cerca. Ella avanza, da
Un paso, y luego otro,
Poco a poco, la Muerte
Acecha.
domingo, 25 de septiembre de 2011
El que vio
El muchacho observaba captivado
La belleza de la Muerte,
Ese rostro y esos ojos,
Su silueta al desnudo.
Buscó ella el cubrirse mas el daño
Estaba hecho, y ella, en su prisa
Tropezó y cayó al agua.
El muchacho se acercó
-¿Quién eres? -preguntó.
-Soy tu fin, tu cruel destino,
Soy la Muerte -exclamó enfadada.
-Eres demasiado bella -dijo él.
-¡No lo digas! -gritó ella, escondida
En el agua.
-¿A qué le temes, dama hermosa?
¿Por qué escoder tu rostro? ¿Por
Qué esconder el cuerpo
Que cualquiera desearía?
-¡Qué se pudra, no lo quiero!
¡Soy la Muerte mas no inspiro miedo!
Pobre dama oscura, pensó el niño
Al ver las lágrimas caer,
Se acercó un poco más, buscando
Consolarla.
-¡No me tengas lástima, muchacho!
Que soy cruel, violenta, aún si bella.
¿No me crees aún, verdad? -la dama
Emergió.
El muchacho sonrojado la observó,
Recorrió con su mirada esa piel blanca,
Esa forma esbelta, alta.
Cuando sus ojos regresaron a aquel rostro
Vio ahí una mirada horrible.
Antes que las garras de la Muerte
Lo alcanzaran, el muchacho ya se había
Desplomado.
La belleza de la Muerte,
Ese rostro y esos ojos,
Su silueta al desnudo.
Buscó ella el cubrirse mas el daño
Estaba hecho, y ella, en su prisa
Tropezó y cayó al agua.
El muchacho se acercó
-¿Quién eres? -preguntó.
-Soy tu fin, tu cruel destino,
Soy la Muerte -exclamó enfadada.
-Eres demasiado bella -dijo él.
-¡No lo digas! -gritó ella, escondida
En el agua.
-¿A qué le temes, dama hermosa?
¿Por qué escoder tu rostro? ¿Por
Qué esconder el cuerpo
Que cualquiera desearía?
-¡Qué se pudra, no lo quiero!
¡Soy la Muerte mas no inspiro miedo!
Pobre dama oscura, pensó el niño
Al ver las lágrimas caer,
Se acercó un poco más, buscando
Consolarla.
-¡No me tengas lástima, muchacho!
Que soy cruel, violenta, aún si bella.
¿No me crees aún, verdad? -la dama
Emergió.
El muchacho sonrojado la observó,
Recorrió con su mirada esa piel blanca,
Esa forma esbelta, alta.
Cuando sus ojos regresaron a aquel rostro
Vio ahí una mirada horrible.
Antes que las garras de la Muerte
Lo alcanzaran, el muchacho ya se había
Desplomado.
sábado, 24 de septiembre de 2011
Ojos Negros
Juntos caminábamos, tomados de la mano,
Pasando ante ella, la casa de la Muerte.
Su techo era alto, sus paredes corroidas,
Andando la mirábamos sabiendo
Poco de ella.
Fue María quien me dijo, a la vez
Que me miraba desafiante
Con sus bellos ojos negros
-Vamos, chico, entra.
Hice como dijo.
Caminaba lentamente ya que algo
Me estorbaba: era un miedo horrible
Que escurría por mi piel, era un frío violento
Que emanaba del lugar.
María y sus ojos observaban con espanto,
Rogando que no fuera,
Arrepentida.
No llegué a la puerta pues la mano me detuvo,
Aquellas garras de una bruja que me dijo
-Alto, niño tonto, esta casa abandonada
No te atrevas a explorar.
Vi que ella sonreía y respiraba aliviada,
Con su mirada negra me pedía
El regreso a su lado
Donde sus abrazos me esperaban.
Pero yo, un niño imbécil, ya
Me había decidido.
Ignoré el llamado de esos ojos y,
Haciendo caso omiso de la anciana,
Perforé la entrada.
Pasando ante ella, la casa de la Muerte.
Su techo era alto, sus paredes corroidas,
Andando la mirábamos sabiendo
Poco de ella.
Fue María quien me dijo, a la vez
Que me miraba desafiante
Con sus bellos ojos negros
-Vamos, chico, entra.
Hice como dijo.
Caminaba lentamente ya que algo
Me estorbaba: era un miedo horrible
Que escurría por mi piel, era un frío violento
Que emanaba del lugar.
María y sus ojos observaban con espanto,
Rogando que no fuera,
Arrepentida.
No llegué a la puerta pues la mano me detuvo,
Aquellas garras de una bruja que me dijo
-Alto, niño tonto, esta casa abandonada
No te atrevas a explorar.
Vi que ella sonreía y respiraba aliviada,
Con su mirada negra me pedía
El regreso a su lado
Donde sus abrazos me esperaban.
Pero yo, un niño imbécil, ya
Me había decidido.
Ignoré el llamado de esos ojos y,
Haciendo caso omiso de la anciana,
Perforé la entrada.
viernes, 23 de septiembre de 2011
Oh Muerte
Oh Muerte; eres cruel, violenta, bella.
Sin embargo, dama oscura, no es posible
Observarte.
Tus ojos almendrados, tu mirada penetrante
Y tu rostro de marfil,
Los ocultas en la oscuridad. Sólo el agua,
Esa agua cristalina, tiene el privilegio
De ser reflejo de tu cara.
Por las noches lloras.
Te odias a ti misma.
Odias tu belleza.
Lloras.
Tu maquillaje ya se escurre, tus facciones
Se retuercen, pero sigues siendo hermosa.
Es entonces cuando sales, abrigada
Por las sombras, y desquitas tu pesar
A diestra y a siniestra.
Amanecen cientos de cadáveres.
La gente se lamenta.
La gente te apunta,
Pero tú, maquillada nuevamente,
Ya te encuentras refugiada.
Mirándote en el agua cristalina,
Odiando tu belleza,
Odiando tu violencia,
Estás arrepentida.
Sin embargo, dama oscura, no es posible
Observarte.
Tus ojos almendrados, tu mirada penetrante
Y tu rostro de marfil,
Los ocultas en la oscuridad. Sólo el agua,
Esa agua cristalina, tiene el privilegio
De ser reflejo de tu cara.
Por las noches lloras.
Te odias a ti misma.
Odias tu belleza.
Lloras.
Tu maquillaje ya se escurre, tus facciones
Se retuercen, pero sigues siendo hermosa.
Es entonces cuando sales, abrigada
Por las sombras, y desquitas tu pesar
A diestra y a siniestra.
Amanecen cientos de cadáveres.
La gente se lamenta.
La gente te apunta,
Pero tú, maquillada nuevamente,
Ya te encuentras refugiada.
Mirándote en el agua cristalina,
Odiando tu belleza,
Odiando tu violencia,
Estás arrepentida.
domingo, 14 de agosto de 2011
Mi ángel
He estado conviviendo con un ángel, ¿sabes? Es una aparición de alas cortas, de rostro hermoso y bondad eterna.
Sus labios son la llama de mi elocuencia. Cada beso enciende el fuego. Cada susurro lo mantiene ardiendo.
Su piel fría me hace invulnerable. Sus caricias me resguardan contra la muerte.
Y esos ojos me inundan de secretos. La mirada de dos almendras que evocan magia hacen que chispas vuelen, que el viento sople, que los cielos lluevan y colores brillen.
El día en que ella susurró algo a mi oído lo olvidé todo. Mis problemas, mis deseos, sólo estaba ella.
Si la abrazo (y lo hago a menudo) siento que mi cuerpo se convierte en algo muy ligero. Mis pies no tocan más el piso y el mundo se hace pequeño.
Si ella está cerca no le temo a nada; ni a la muerte, ni a la enfermedad, ni a la pobreza. Es mi ángel. Lo demás no importa.
lunes, 30 de mayo de 2011
Una bufanda negra
Una a una las luces del departamento se fueron apagando. Pronto todas las habitaciones que lo integraban estaban completamente oscuras. El hombre que habitaba el departamento miró por la ventana. Afuera había mucha niebla. Los edificios que veía se fueron apagando también. Alzó la vista. Una a una las estrellas perdieron su luz, así como la luna. El hombre salió a la calle. Era imposible ver entre tanta oscuridad, y con tanta niebla.
El hombre despertó y vio, junto a su cabeza, descansando sobre la almohada, una bufanda negra. Supo entonces de que se trataba.
El hombre despertó y vio, junto a su cabeza, descansando sobre la almohada, una bufanda negra. Supo entonces de que se trataba.
lunes, 2 de mayo de 2011
La Bufanda Negra
La noche era fría y húmeda. Una capa de neblina se había posado sobre el mundo. Las calles se encontraban a oscuras debido a un apagón. Era noche de luna nueva. El cielo estaba nublado. No había ni una sola luz. Tiago caminaba por la oscuridad absoluta. No podía ver ni la palma de su mano, sin embargo cuando se cruzó con ella la vió. Era una bufanda negra que yacía en el piso. Estaba en perfectas condiciones, no podía llevar ahí mas de unos minutos. Tiago inmediatamente supuso que la bufanda lo eligió.
Ya con la bufanda rodeando su cuello, Tiago se dió cuenta que la oscuridad a su alrededor no era tan absoluta. De hecho podía ver perfectamente. Continuó su camino con su nuevo tesoro y fue entonces que la vio, una sombra que se acercaba a él. Cuando estuvo a sólo unos pasos de distancia, la sombra le habló.
-Esa bufanda no te pertenece -dijo la sombra.
-Tal vez no antes, pero me ha elegido -respondió Tiago.
-Demuestralo -dijo la sombra.
Tiago, como si siempre hubiera sabido de los poderes misteriosos de la bufanda, alzó una mano. El mundo se volvió más frío, la neblina se intensificó. Del cielo cayó un rayo sobre la sombra y ésta desapareció. El trueno furioso ahogo su grito.
-Muy bien -dijo La Muerte, quien había observado la escena completa desde las sombras.
-Gracias -murmuró Tiago.
-Tener control sobre la muerte, es un gran poder.
-Te controlo -dijo Tiago, sonriendo.
-No, yo ya no soy más -La Muerte empezó a desvaneserse -. Es ahora tu turno.
-¿Mi turno?
-Sí, la bufanda te eligió. Y yo ya no soy más.
La Muerte se desvaneció por completo. Tiago se quedó solo. Trató de deshacerse de la bufanda, pero ésta estaba aferrada a su cuello. Una mujer pasó junto a Tiago y tropezó con algo. Gritó. Tiago dejó de pelear con la bufanda y miró. Ahí donde la mujer había tropezado se encontraba su cuerpo.
Ya con la bufanda rodeando su cuello, Tiago se dió cuenta que la oscuridad a su alrededor no era tan absoluta. De hecho podía ver perfectamente. Continuó su camino con su nuevo tesoro y fue entonces que la vio, una sombra que se acercaba a él. Cuando estuvo a sólo unos pasos de distancia, la sombra le habló.
-Esa bufanda no te pertenece -dijo la sombra.
-Tal vez no antes, pero me ha elegido -respondió Tiago.
-Demuestralo -dijo la sombra.
Tiago, como si siempre hubiera sabido de los poderes misteriosos de la bufanda, alzó una mano. El mundo se volvió más frío, la neblina se intensificó. Del cielo cayó un rayo sobre la sombra y ésta desapareció. El trueno furioso ahogo su grito.
-Muy bien -dijo La Muerte, quien había observado la escena completa desde las sombras.
-Gracias -murmuró Tiago.
-Tener control sobre la muerte, es un gran poder.
-Te controlo -dijo Tiago, sonriendo.
-No, yo ya no soy más -La Muerte empezó a desvaneserse -. Es ahora tu turno.
-¿Mi turno?
-Sí, la bufanda te eligió. Y yo ya no soy más.
La Muerte se desvaneció por completo. Tiago se quedó solo. Trató de deshacerse de la bufanda, pero ésta estaba aferrada a su cuello. Una mujer pasó junto a Tiago y tropezó con algo. Gritó. Tiago dejó de pelear con la bufanda y miró. Ahí donde la mujer había tropezado se encontraba su cuerpo.
sábado, 26 de febrero de 2011
Aguas Negras
Agua corre por mis manoss,
Sangre impura, sangre oscura,
Aguas negras por las manos,
Zanjas de mi alma oscura.
Agua corre por el suelo,
Manchas negras en la tierra,
Voces surgen desde el suelo,
Lágrimas que escurren tierra.
Sangre corre desde el cuerpo,
Muerte, suerte de aquel cuerpo.
Sangre impura, sangre oscura,
Aguas negras por las manos,
Zanjas de mi alma oscura.
Agua corre por el suelo,
Manchas negras en la tierra,
Voces surgen desde el suelo,
Lágrimas que escurren tierra.
Sangre corre desde el cuerpo,
Muerte, suerte de aquel cuerpo.
miércoles, 26 de enero de 2011
lunes, 24 de enero de 2011
Fuego, una agresión
Una televisión encendida, literalmente, arde en llamas. A su alrededor, ramas y libros hacen la fogata. Un reloj extraviado se encuentra en el montón, así como un teléfono, un control de nintendo, una fotografía, más libros, revistas. Es enorme, del tamaño de una casa, de hecho es una casa la que arde, desplomada, la gente arroja sus pertenencias al fuego, se desprende de todo, y todo arde por igual. Es un fuego que quema a la distancia, que incinera cejas de aquellos mirones, que irrita sus ojos, y la gente lo continúa alimentando, inclusive le hecha gasolina para que no deje de arder.
Sin que nadie lo espere, pero sin que sorprenda a nadie, alguien empuja a un muchacho al fuego; su muerte es lenta y dolorosa. Entonces alguien se clava a la enorme fogata, por su propia voluntad, gritando, es mi tiempo, es mi hora. Un par de personas lo siguen, y los tres son devorados por las llamas.
Empieza a soplar un fuerte viento, desde el este sopla, distribuyendo ceniza y exparciendo al fuego a las otras casas, a los jardines. A nadie le importa, nadie se mueve mientras las llamas los consumen a todos, el pequeño pueblo muere bajo el fuego.
Sin que nadie lo espere, pero sin que sorprenda a nadie, alguien empuja a un muchacho al fuego; su muerte es lenta y dolorosa. Entonces alguien se clava a la enorme fogata, por su propia voluntad, gritando, es mi tiempo, es mi hora. Un par de personas lo siguen, y los tres son devorados por las llamas.
Empieza a soplar un fuerte viento, desde el este sopla, distribuyendo ceniza y exparciendo al fuego a las otras casas, a los jardines. A nadie le importa, nadie se mueve mientras las llamas los consumen a todos, el pequeño pueblo muere bajo el fuego.
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