Sentado en mi sofá, con mis pies alzados y mi computadora en mis piernas, escribo. Ante mi hay un televisor apagado, y la mesa para el café que divide el espacio entre donde yo me encuentro y aquella pantalla negra esta cubierta por un desmadre: hojas, libros, cuadernos, discos, platos sucios, vasos, una vela, una cámara, más libros, bolsas de plástico vacías, y mucho más. Es aquí, ante esta mesa y en este sofá, donde hago mi vida.
Suena el piano sutilmente, pero no hay nadie sentado en la banca que se encuentra ante él. Es más como un lamento, una necesidad a ser tocado, acariciado, una nota melancólica que muy pocas personas pueden oir. Ante el piano se encuentra otro sofá, reclinable, se puede transformar en cama, y sobre éste hay una pequeña repiza cubierta de libros, todos rojos, todos clásicos.
Hay más libros en otras repizas y en otros muebles, inclusive en la mesa del comedor que es muy rara vez usada para comer, ahí hay quien estudia, pero yo no, yo estudio en el sofá, escribo en el sofá, con mis pies alzados en la mesa para el café, mis pies uniéndose al caos que sobre ella yace.
Si se inspecciona con cuidado, hay muchos más objetos a los antes mencionados: una baraja vieja, otra más nueva, y a la que se le derramó el trago de vodka; también hay dominós, uno cubano y varios regulares; hay un sintetizador, hay una guitarra, un amplificador; lámparas, tapetes, las ventanas cubiertas por cortinas; ¿mencioné los cuadros?, ¿o las plantas?, ¿más papeles?, ¡Medicinas! Pareciera una farmacia entera.
Así es la cueva, como la llama un amigo, "La Cueva del Escritor." El punto de reunión por excelencia de dos filósofos errantes. Aquí se escribió el manifiesto, aquí se escribió la mancha, el otro manifiesto, y el jardín de los pensamientos. Entre el desorden, aqui nace la inspiración.
La Cueva del Escritor, un caos ordenado.
Mostrando entradas con la etiqueta filósofos errantes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta filósofos errantes. Mostrar todas las entradas
domingo, 30 de enero de 2011
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Soy el Tiempo
Hola, soy el Tiempo, así es, el Tiempo. Soy aquel al que le gusta marchar, simpre hacia adelante, con la vista orgullosa al frente. Nunca me verás retroceder; y esto te molesta, ¿no es así? Desearías poder hacerme dar marcha atrás, pero jamás sucederá; soy el Tiempo y simepre voy hacia adelante, soy muy terco, ¿sabes? Tus problemas no me importan porque yo estoy sobre todas las cosas, yo sólo avanzo, a eso me dedico, a avanzar.
A veces corro, otras veces camino despacio, una vez me torcí un tobillo, y no tuve opción más que parar, y conmigo se detuvo el mundo, trato que esto no ocurra a menudo, nunca se sabe que puede ocurrir.
Soy el Tiempo, y de momentos me aburro; no hago más que caminar. A veces me pregunto que es lo que he dejado desde que empecé a marchar, me pregunto cómo sería mi vida si no hubiera sido castigado por aquella pequeña explosión, si nunca la hubiera causado en el primer lugar. Bueno, supongo que no tiene importancia, pues estoy aqui y ahora, y no daré marcha atrás.
Soy el Tiempo, y no doy marcha atrás.
A veces corro, otras veces camino despacio, una vez me torcí un tobillo, y no tuve opción más que parar, y conmigo se detuvo el mundo, trato que esto no ocurra a menudo, nunca se sabe que puede ocurrir.
Soy el Tiempo, y de momentos me aburro; no hago más que caminar. A veces me pregunto que es lo que he dejado desde que empecé a marchar, me pregunto cómo sería mi vida si no hubiera sido castigado por aquella pequeña explosión, si nunca la hubiera causado en el primer lugar. Bueno, supongo que no tiene importancia, pues estoy aqui y ahora, y no daré marcha atrás.
Soy el Tiempo, y no doy marcha atrás.
lunes, 15 de noviembre de 2010
La Inmortalidad
Preguntas qué es la inmortalidad, y cómo se obtiene. Preguntas cuál es el camino, y búscas en mapas de tesoros la respuesta a tu mortalidad. Preguntas a los cielos, a los vientos, esperando que del aire surja la respuesta, preguntas a extraños, a los libros, pero no te preguntas a tí mismo. ¡Qué ciego estás! Tú que no ves la respuesta justo delante de tus narices, preguntas y preguntas, y te jactas de tu curiosidad, pero ésta no te lleva a ningún lado, y ésto porque no búscas la respuesta en tí mismo.
Deja de buscar bufandas de la inmortalidad, deja de escarbar por una fuente de la vida eterna, deja de creer en fantasías, que las fantasías son para crearse, para expresar aquello escondido en los confines de la mente, pero nunca son para creerse. ¡Despierta! Los sueños están bien para aquel que está dormido, o para aquel que busca de su vida una distracción, incluso están bien para encontrar en ellos deseos ocultos, no para vivir en ellos.
Búsca en tí, vamos, hazlo. Búsca en tus objetivos, en aquel camino que todas las noches planeas seguir pero nunca sigues, en aquel plan que tienes para darte a conocer, para ser alguien aún después de que la vida se te haya arrebatado; es ahí donde, con algún esfuerzo y con alguna suerte, es ahí que encontrarás la inmortalidad.
Deja de buscar bufandas de la inmortalidad, deja de escarbar por una fuente de la vida eterna, deja de creer en fantasías, que las fantasías son para crearse, para expresar aquello escondido en los confines de la mente, pero nunca son para creerse. ¡Despierta! Los sueños están bien para aquel que está dormido, o para aquel que busca de su vida una distracción, incluso están bien para encontrar en ellos deseos ocultos, no para vivir en ellos.
Búsca en tí, vamos, hazlo. Búsca en tus objetivos, en aquel camino que todas las noches planeas seguir pero nunca sigues, en aquel plan que tienes para darte a conocer, para ser alguien aún después de que la vida se te haya arrebatado; es ahí donde, con algún esfuerzo y con alguna suerte, es ahí que encontrarás la inmortalidad.
domingo, 14 de noviembre de 2010
El Caos es Orden
Una noche como cualquier otra, el departamento era un caos, y su único habitante disfrutaba de él. A su alcance se encontraba todo, ahí justo donde recordaba que había visto el objeto deseado por última vez. Tal vez no era muy estético, pero no se podía negar su practicidad, ni la familiaridad que en él inspiraba tener un departamento ordenado bajo su influencia.
Y entonces llegaron los visitantes, aquellos de lentes para mejorar su vision y ropas de adultos, y en seguida empezaron a imponer su propio orden sobre el departamento, acomodando todo a su idea de estética y de comodidad, preguntando mientras lo hacían: como puedes vivir así? Nunca pensando en lo que él quería, nunca considerando que aquel desorden era en realidad una manera de tener fácil acceso a todo, nunca dándose cuenta de que aque caos estaba lejos, muy lejos, de la suciedad.
Esto ya no sirve, decían los visitantes, arrojándo todo objeto que alzaban ante sus anteojos a una bolsa de basura negra, esto tampoco. Y él observaba horrorizado mientras su mundo, su caos, se iba degenerando a un caos mayor. Días después él buscaría su bufanda favorita y no la encontraría, de la misma forma que su cuaderno de escritos se convertiría en objeto perdido en aquel orden impuesto.
Basta! gritó él, basta, que no ven que el caos es orden?
Basta, no alteren más mi harmonía, continuó gritando.
Y los visitantes se detuvieron.
Y entonces llegaron los visitantes, aquellos de lentes para mejorar su vision y ropas de adultos, y en seguida empezaron a imponer su propio orden sobre el departamento, acomodando todo a su idea de estética y de comodidad, preguntando mientras lo hacían: como puedes vivir así? Nunca pensando en lo que él quería, nunca considerando que aquel desorden era en realidad una manera de tener fácil acceso a todo, nunca dándose cuenta de que aque caos estaba lejos, muy lejos, de la suciedad.
Esto ya no sirve, decían los visitantes, arrojándo todo objeto que alzaban ante sus anteojos a una bolsa de basura negra, esto tampoco. Y él observaba horrorizado mientras su mundo, su caos, se iba degenerando a un caos mayor. Días después él buscaría su bufanda favorita y no la encontraría, de la misma forma que su cuaderno de escritos se convertiría en objeto perdido en aquel orden impuesto.
Basta! gritó él, basta, que no ven que el caos es orden?
Basta, no alteren más mi harmonía, continuó gritando.
Y los visitantes se detuvieron.
viernes, 12 de noviembre de 2010
Salen a la luz
Los filósofos errantes salen a la luz, salen de sus madrigueras a la vez que se va poniendo el sol y el frío comienza su reino; uno primero y luego otro, sólo dos se atreven al principio, sólo dos oyen el llamado, aquel grito en su interior que les dice: es tiempo, es hora de salir a la luz. Y así es que salen estos dos personajes, y esperan, aguardan a otros que los sigan, que salten detrás de ellos, que abandonen el anonimato y tomen el siguiente paso que un filósofo errante debe tomar.
Los filósofos errantes salen a la luz, poco a poco, con el objetivo de expresar. Los filósofos errantes toman el siguiente paso, y agregan al ritual de Los Viajes a Filos un nuevo elemento, el de la escritura en la red; los filósofos errantes avanzan implacables, se alzan como debieron hace mucho tiempo, salen a la luz.
Los filósofos errantes salen a la luz, poco a poco, con el objetivo de expresar. Los filósofos errantes toman el siguiente paso, y agregan al ritual de Los Viajes a Filos un nuevo elemento, el de la escritura en la red; los filósofos errantes avanzan implacables, se alzan como debieron hace mucho tiempo, salen a la luz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)